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Loca Yo?

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    Nadie está exento de la locura, dice una canción, y tal vez esa sea la razón por la que nos da tanto miedo acercarnos a un loco.
   El sábado fuí a una muestra de diversas expresiones artísticas, producidas por pacientes de neuropsiquiatricos de toda  Latinoamérica. En el lugar había fotografías, pinturas, esculturas, poesía, música, teatro, visitantes, curiosos y locos. Todo esto en un solo ambiente y con una distribución bastante anárquica.
   Las obras, mas allá del valor artistico de unas u otras, me generaron fundamentalmente dos sensaciones. Por un lado, la intensidad que irradiaban me seducía al punto de intentar descifrar cada trazo, cada palabra. Por otro lado me sentí abrumada, como si necesitara tener la certeza de que la puerta del teatro estaba despejada y que de un momento a otro iba a abandonar el lugar para continuar con mi vida. Lo curioso es que la mayoria de las obras hablaban de lo mismo: del encierro, del de adentro y del de afuera. Del derecho a sentir, de que les quiten la mordaza química. Al pie de una escultura una leyenda reclamaba: "Devuélvanme mi angustia". De pronto el discurso de los  "insensatos" adquirió para mí una coherencia inquietante. No son estos, después de todo, derechos inalienables de todo ser humano? El derecho a sentir, a decidir, a la libertad. Dostoievski sentenció desde el Diario de un escritor: "...¿No es encerrando al vecino como se convence uno del buen sentir propio?..."
   Hace unos días C. me dijo que ella siempre había pensado que su destino era la locura y me preguntó si a mi no me pasaba lo mismo, a lo que yo respondí inmediatamente que no. Hoy mientras rememoro lo que vi y sentí, la pregunta insiste y ya no hay certezas en la respuesta.