Creo que estos tiempos que corren me han puesto una capa de barniz en los sentidos y en el alma, me han impermiabilizado la azotea. El por qué, no lo podría precisar con exactitud aunque lo supongo. Seguramente la excesiva exposición a la información constante, que nos aturde los sentidos. La casi imposible vorágine en la que se ha convertido mi rutina diaria - y la de la mayoría- y por consecuencia la falta de espacio tanto físico como mental para detenerme a reflexionar o a asimilar las cosas. En fin, sea cual fuera la causa que pese más, el resultado es el mismo. Paradójicamente en el siglo de la comunicación cada vez me siento mas desconectada del mundo y de mi misma. Intuyo que esto nos pasa en mayor o menor medida a todos.
Sin embargo, siento que no todo esta perdido. Hay un punto, una línea, una hendidura que agrieta, por momentos, esta muralla. Un pequeño espacio, casi irrisorio, por el que se filtra de a gotas el mundo. Pero a la vez en ese lugar, partes de mi se vierten sobre todo y es en esa mágica intersección donde nace la posibilidad del cambio, de la creación. Es allí donde puedo aún conmoverme.
Un intersticio fronterizo entre el adentro y el afuera, entre vos y yo, entre mi pensamiento y el sinsentido.

